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viernes, 12 de febrero de 2010

EMERGENCIA! La Torre bermeja se viene abajo!



El Torreón medieval de origen almorávide, que antaño sierviera para la vigilancia de los caminos, que fue declarado monumento el 25 de Junio de 1985 y que hasta hace una semana podíamos ver en buenas condiciones (a pesar de las pinbtadas de grafitis y demás tropelías, fruto de lo descuidado que ha permanecido por parte de los giennenses) cuando conducíamos por la carretera que une Los Villares con Jaén, empieza a ser historia, y no me refiero a un monumento historico (que ya lo era), sino por que ha empezado a derumbarse, la mitad de la torre amaneció en el suelo la pasada semana, tras el temporal de lluvias y nieves tan fuerte que esta año se nos ha venido encima, el caso es que la Torre Bermeja siempre ha permenecido olvidada, ignorada por su ciudad, hasta condelarla.
A un lado de la carretera, continuan las (ahora) ruinas del bello monumento andalusí, que de un momento a otro, y si el ayuntamiento de Jaén, no hace nada por remediarlo, como ha estado haciendo hasta ahora, se terminará por caer de un momento a otro, y será otro caso más para recordar con verguenza, como los andaluces, y en particular los gienneses, perdemos poco a poco nuestro rico patrimonio teniendo medios y posibilidades para conservarlo.

lunes, 8 de febrero de 2010

'IOI': un anillo para engañarlos a todos y llenar de extraterrestres la Prehistoria Escrito por: Luis Alfonso Gámez




Los visitantes de otros mundos tienen debilidad por presentarse ante individuos solitarios, atemorizarles y despegar inmediatamente de vuelta a su planeta. Desde que los platillos volantes aterrizaron en la cultura popular a finales de los años 40, sus pilotos han preferido los parajes aislados a los núcleos urbanos y los interlocutores sin preparación a los cultos. El avistamiento de Los Villares (Jaén) con el que arranca El anillo de plata, octavo episodio de la serie de televisión Planeta encantado, encaja en ese patrón. Sucedió el 16 julio de 1996 en medio del campo andaluz, donde Dionisio Ávila -"un hombre sencillo, muy querido y respetado por sus paisanos", en palabras de Juan José Benítez- vio un platillo volante clásico a ras de suelo y a tres de sus tripulantes. Del testigo, el novelista nos cuenta, además del cariño que los vecinos le profesan, que "no sabe leer ni escribir", como si eso hiciera más creíble una historia que no se diferencia en nada de los miles de fantásticos relatos de encuentros con seres extraterrestres que llenan los libros de ufología. Que a uno le adoren sus paisanos y que sea analfabeto no dice nada a favor de su credibilidad. Estaríamos, por tanto, ante otro suceso ovni del montón si no fuera porque los marcianos jienenses dejaron a su testigo una prueba. Al menos, eso mantiene el analfabeto protagonista y creen Iker Jiménez, Lorenzo Fernández y Benítez, tres autores de reconocida fiabilidad.

Resulta que, antes de poner espacio de por medio, los alienígenas de Los Villares lanzaron hacia el testigo, de 66 años entonces, una luz que resultó ser una piedra con grabados, entre ellos IOI -"palo-cero-palo", dice el autor de Caballo de Troya-, signos que Ávila había visto en la cúpula del platillo volante. Aquel mismo día, el novelista y su esposa buceaban en el mar Rojo cuando ella se hirió en una pierna con un coral, tras lo cual perdió un anillo de oro. Un misterioso, cómo no, individuo sacó del agua a la mujer de Benítez mientras éste se quedaba -"movido por una fuerza que no he conseguido explicar"- a buscar la joya. Y él encontró un anillo, pero de plata y con nueve palos y otros tantos ceros: IOIOIOIOIOIOIOIOIO. "¿Casualidad? Lo dudo", sentencia el periodista, convencido -no podía ser de otro modo- de que ha sido elegido por seres extraterrestres para no se sabe qué y de que existe algún tipo de conexión entre la piedra de Los Villares y el anillo de mar Rojo.

Tiene razón Benítez. No creo que la historia del anillo de plata sea fruto de la casualidad. Casi tanta gracia como el intento del novelista de vender el descubrimiento del anillo como un hecho real -¿se acuerdan de cuando hacía lo mismo con la trama de Caballo de Troya?- es que la joya le lleve hasta Tassili N'Ajjer, en el Sahara argelino. Para ello, después de análisis de la piedra y del anillo en los que dice que investigadores universitarios y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no encuentran nada misterioso, Benítez recurre a otros expertos que sí, incluido un presunto especialista en termovisión y un informático "oficial de la Armada", quien lee en los signos de la joya las coordenadas de Tassili. A partir de aquí, el anillo pasa a un segundo plano, en favor de los visitantes alienígenas que, según el director de Planeta encantado, los hombres del Neolítico pintaron en el Sahara.


El largo preámbulo de "El anillo de plata" es algo que únicamente los fans del escritor navarro pueden tomar en serio. Lo realmente preocupante viene cuando, una vez más, el autor reescribe el pasado al gusto marciano. Tras la estela de Erich von Däniken en Recuerdos del futuro (1968), Benítez llena Tassili de platillos volantes y alienígenas con escafandra, sin que aparezca en ningún momento un prehistoriador. Basta la autoridad del ufólogo. ¡Cómo va a necesitar recurrir a un experto el investigador que sentó a Jesús en el Coliseo antes de que lo construyeran! La ciencia oficial está confundida y, alli donde Henri Lhote, descubridor de las pinturas de Tassili, veía nativos con máscaras y trajes rituales, el director de Planeta encantado encuentra a parientes prehistóricos de ET. Su descaro llega al punto de redibujar al denominado Gran Dios Marciano para que parezca un astronauta del siglo XX, ciñendo su traje espacial aquí y allá, haciéndoselo a medida y colocándole accesorios. Algunos de los alienígenas de Benítez son hembras demasiado humanas, con pechos cónicos, y otros visitantes usan como armas arcos y flechas -¿pero no estaban adelantados?-; hay seres con cuerpo humano y cabeza de pájaro o león; las féminas tienen uno, dos o tres ojos. "Excepto por los brazaletes, esclavinas y cinturones, estas astronautas parecen estar desnudas. Sus pechos, los dedos de las manos y los pies, y otros detalles que no serían visibles debajo de un traje espacial, aparecen dibujados con toda claridad. ¿Por qué los viajeros del espacio iban a llevar sofisticados cascos espaciales provistos con antenas mientras tenían desnudo el resto del cuerpo", se pregunta William Stiebing en Astronautas en la antigüedad (1984).

Benítez no explica a su público nada de esto, ni que lo que él y Von Däniken identifican como escafandras de ciertas figuras femeninas son para los arqueólogos cestos que las indígenas llevan sobre la cabeza, como ocurre todavía en África y otras partes del mundo. Se detiene a describir la zoología fantástica o disparatada pintada en Tassili sin explicar en ningún momento que el conjunto artístico abarca miles de pinturas hechas durante siglos por diferentes artistas con diferentes estilos, con lo que da la impresión al telespectador de que hace unos 9.000 años todas las fantasías eran realidad en el Sahara. Aisla figuras del escenario, las saca de contexto, se olvida de lo que le molesta y escoge lo que encaja menos mal con su disparatada visión del pasado de los pueblos no europeos, a los cuales él y sus colegas consideran, al parecer, incapaces de evolucionar culturalmente sin ayuda exterior. Tampoco dice el ufólogo que, asociados a los frescos de visitantes del espacio de Tassili, no se han hallado ni esqueletos de gigantes ni armas láser ni otros restos de tecnología alienígena, sino los típicos de la Edad de Piedra. Hasta que no se demuestre lo contrario, los únicos extraterrestres que han llegado al Sahara lo han hecho en los cerebros de fabricantes de enigmas como Benítez, quien seguirá explotando el inexistente misterio de la piedra de Los Villares y el anillo de plata en próximas entregas de Planeta encantado.




Pinturas Rupestres de Los Cañones




Las pinturas rupestres de los Cañones son los restos más antiguos que quedan de los habitantes de nuestra localidad, el conjunto de la Cerradura, es un bello enclave natural donde encontramos 16 abrigos en la roca, algunos de ellos dotados de dichas muestras de arte rupestre datados entre el Neolítico y el Bronce Medio. Hasta día de hoy, estas maravillas han permanecido en un olvido incomprensible, ha sido gracias a la plataforma NO A LA PRESA por lo que se han vuelto a tener en cuenta y a reconsiderar el valor culturar. Gracias a esta plataforma, las pinturas han sido fotografiadas para que todos podamos apreciarlas, y reconsiderar seriamente sobre este patrimonio y sobre como debemos cuidarlo para conservar su riqueza.

¿PERO QUÉ SON?
Pintura rupestre es todo dibujo o boceto prehistórico existente en algunas rocas y cavernas. El término «rupestre» deriva del latín rupestris, y éste de rupes (roca), aunque también es sinónimo de primitivo. De modo que, en un sentido estricto, rupestre haría referencia a cualquier actividad humana sobre las paredes de cavernas, covachas, abrigos rocosos e, incluso farallones o barrancos, etc. Desde este aspecto, es prácticamente imposible aislar las manifestaciones pictóricas de otras representaciones del arte prehistórico como los grabados, las esculturas y los petroglifos, grabados sobre piedra mediante percusión o erosión. Al estar protegidas de la erosión por la naturaleza del soporte, las pinturas rupestres han resistido el pasar de los siglos.

Se trata de una de las manifestaciones artísticas más antiguas de las que se tiene constancia, ya que, al menos, existen testimonios datados hasta los 40.000 años de antigüedad, es decir, durante la última glaciación. Por otra parte, aunque la pintura rupestre es esencialmente una expresión espiritual primitiva, ésta se puede ubicar en casi todas las épocas de la historia del ser humano y en todos los continentes exceptuando la Antártida. Las más antiguas manifestaciones y las de mayor relevancia se encuentran en España y Francia. Se corresponden con el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico. Del primero de los periodos citados son las extraordinarias pinturas de la Cueva de Altamira, situadas en Santillana del Mar, Cantabria (España).

Estas pinturas — y las otras manifestaciones asociadas — revelan que el ser humano, desde tiempos prehistóricos, organizó un sistema de representación artística, se cree, en general, que se halla relacionado con prácticas de carácter mágico-religiosas para propiciar la caza. Dado el alcance cronológico y geográfico de este fenómeno, es difícil, por no decir, imposible, proponer generalizaciones. Por ejemplo, en ciertos casos las obras rupestres se dan en zonas recónditas de la cueva o en lugares difícilmente accesibles; hay otros, en cambio, en los que éstas están a la vista y en zonas expeditas y despejadas. Cuando la decoración está apartada de los sitios ocupados por el asentamiento se plantea el concepto de santuario cuyo carácter latente subraya su significado religioso o fuera de lo cotidiano. En los casos en los que la pintura aparece en contextos domésticos es necesario replantear esta noción y considerar la completa integración del arte, la religión y la vida cotidiana del ser humano primitivo.


FOTOGRAFIAS DE LAS PINTURAS RUPESTRES DE LOS CAÑONES






























domingo, 7 de febrero de 2010

El Palacio del Vizconde: LA CASA GRANDE



El Palacio del Vizconde


Creado el Vizcondado de Los Villares por reales decretos de Felipe V expedidos el 15 de septiembre de 1.707 y 2 de mayo de 1.708 y personalizado el título en D. Francisco de Zeballos y Villegas Sainz y Solórzano (1.655-1.709), pronto la familia Zeballos quiso remodelar la gran casa solariega que poseía en el pueblo, transformándola en un edificio representativo de su condición nobilana.
El resultado fue el actual palacio, más conocido en el pueblo como la Casa Grande.
La fachada principal algo desfigurada por modernas remodelaciones, presenta la disposición propia de las casas señoriales típicas de la arquitectura giennense del siglo XVIII. El ingreso se realiza por una puerta adintelada de severa decoración. Sobre la puerta el tradicional balcón señorial. Y coronando la fachada la habitual solana abierta en ocho arcadas de medio punto coronadas por elegante alero.
Toda la fachada está realizada en excelente sillería.

En el interior se conservan algunos detalles de interés, entre los que destacan el patio que organiza el edificio, la señorial escalera cubierta por graciosa bóveda, algunas ménsulas y zapatas de labradas maderas y restos de pinturas y artesonados.
Es sin duda el edificio de arquitectura civil más notable del pueblo, por lo que merecería una rehabilitación que resaltara su primitiva estampa.

La casa de los vizcondes de los Villares es de la de mas antigua y esclarecida nobleza del reino de Jaen,fué Don Francisco de Ceballos y Villegas, caballero del hábito de Santiago y veinticuatro de la ciudad de Jaen, á quien el rey don Felipe V, en el año 1700, hizo merced de dicho titulo y del señorío de la villa de los Villares para sí y sus sucesores

(1).

Don José María de Careaga y Ceballos, 6.° vizconde y señor de los Villares, fué caballero maestrante de la real de Granada y diputado por la provincia de Jaen en la jura de nuestra augusta soberana Doña Isabel II, mereciendo en dicha ocasión ser nombrado gentil-hombre de cámara (2).


Las armas de esta preclara casa son: Escudo cuartelado; el 1.° fajado de plata y sable, orlado de dos órdenes de jaqueles de los mismos esmaltes, sobrepuesta en abismo una cruz de gules como la de Calatrava ; bordura de plata con esta divisa: CEBALLOS РАRА VENCELLOS ES ARDID DE CABALLEROS.

El 2.° de plata y un sauce arrancado de sinople cargado de un escudo á la antigua, de oro, con cinco panelas de sinople puestas en sautor; bordura de plata cargada de un ramo de gules. El 3.° cortado y medio partido; 1.° de gules aspado de oro; 2.° de sinople y tres haces de sable; 3.° de plata y un árbol; orla de sinople cargada de nueve granadas; bordura de plata con esta divisa: BARRIERON Á LOS ENEMIGOS HASTA EL MAR. Por la linea que separa la orla de la bordura salen los estremos de la cruz de Santiago.

El 4.° de gules y un castillo de oro; partido de sinople y una banda con dragantes acompañada de cuatro luceros, todo de oro; bordura de plata cargada de un ramo de gules.

Está el escudo adornado con trofeos militares y sumado de la corona de vizconde (3).



NOTAS
(1) Apuntes genealógicos:
I. Casó con Doña Ana Maria Lopez de Villalobos, sucediéndole en el espresado título y señorio su hijo
II. Don Gabriel Francisco de Ceballos Villegas y Villalobos, que casó con Doña Isabel Salcedo, tuvo por hijo y sucesor á
III. Don Francisco de Ceballos y Salcedo casó con Doña Elvira Escovedo y Serrano.
IV. Don Gabriel de Ceballos y Escovedo, hijo del anterior, casó con Doña María del Hierro y Rojas; y tuvieron por hija y sucesora á
V. Doña María de la Concepcion Ceballos y Hierro, 5.ª vizcondesa de los Villares, que casó con Don Miguel Avis Venegas de Careaga y Marin, que fue despues marques de Torre-Alta; sucedió á dicha señora su hijo primogénito
VI. Don José María de Careaga y Ceballos.

(2) Falleció en el año 1853, recayendo el mencionado título de vizconde de los Villares en su inmediato sucesor é hijo mayor Don Miguel de Careaga y Heredia, actual marqués de Torre-Alta.

(3) Documentos auténticos existentes en los archivos del señor marques de Torre-Alta y vizconde de los Villares.
Descripción
El volumen construido, que descansa sobre sótano con bóvedas de piedra, es de dos plantas comunicadas por una escalera que arranca desde una esquina del patio.
Los muros son de ripio y tapial de notable espesor; los forjados de rollizos y en la configuración del patio principal se emplearon jácenas de gran escuadría. El sistema de cubrición es también leñoso, con armaduras de parhilera y de limas bajo teja árabe.


Palacio del Vizconde, Los Villares (Jaén)
En el centro de la construcción se sitúa el patio principal, existiendo otro secundario o huerto en la parte trasera. El patio principal, de planta cuadrada, se halla reducido visualmente de sus proporciones originales al añadírsele tabiques que permitieron proteger dos de las galerías y habilitar como habitación una tercera, quedando hoy sólo expedita la panda norte.
Como consecuencia de dichas modificaciones, se alteraron los elementos de madera entre los que destacan las grandes zapatas con decoración de volutas, espirales, cruces, etc. Son también de mencionar algunas puertas de casetones.
Del ángulo nordeste del patio arranca la escalera, de un solo tramo, cubierta por una media naranja decorada con florón central y sostenida por pechinas decoradas por pequeñas cabezas de querubines en yeso. La cima de la escalera ofrece en alzado doble arco de medio punto rebajado que separa un machón de fábrica.
La primera planta alberga estancias destinadas a dormitorios con conchas de yeso en los dinteles de entrada. En la segunda planta hay tres cámaras, entre las que destaca la que da a la fachada de calle Jardín, abierta con una galería de ocho arcos de medio punto.
La portada, situada bajo esa arquería, es alta y sobria y se conforma por sencillas pilastras toscanas que flanquean el vano adintelado.


En la actualidad se encuentra en proceso de rehabilitación por el Ayuntamiento, como se refleja en este articulo del periodico IDELA:El Ayuntamiento de Los Villares acaba de adquirir la Casa Palacio del vizconde de Los Villares, una casa señorial, en el centro del municipio, que perteneció a este noble allá por el siglo XVI, y que se ha mantenido en pie debido a que ha permanecido habitada hasta nuestros días. Ahora, el consistorio villariego ha llegado a un acuerdo con los propietarios y pretende convertir este edificio en un lugar público, donde compartan espacio tanto las diferentes asociaciones como un museo de artes y costumbres del pueblo. Todo, si el presupuesto lo permite, según afirma la alcaldesa, Carmen Anguita.

La historia de este edificio se remonta al siglo XVI, cuando el llamado vizconde de Los Villares veraneaba cada año en este pueblo. Se construyó allí una casa que tenía vistas al Ayuntamiento y a la iglesia. «Pasaron los años y con el tiempo se construyeron edificios delante de esta casa, que quitaron las vistas que tenía a la iglesia. Fue entonces cuando el vizconde se enfadó, vendió la casa a unos vecinos del pueblo y no volvió a veranear aquí», explica la alcaldesa.

El caso es que hasta ahora el edificio se ha mantenido en manos privadas. «Acabamos de comprarlo, pero hemos permitido a la mujer que aún reside en él que se mantenga ahí hasta que consigamos el presupuesto para poder llevar a cabo la rehabilitación».

Y es que, aunque la casa se mantiene en un relativo buen estado, es necesaria una profunda rehabilitación. «Es un proyecto de mucha envergadura. Por lo pronto, el Ministerio de Fomento se ha comprometido a ayudarnos con la rehabilitación, pero el problema es que primero hay que presentarle un proyecto, que tiene que elaborar un arquitecto y que tiene un coste muy elevado, con lo que habrá que estudiar cuando podemos incluirlo en los presupuestos. La verdad es que los ayuntamientos cada vez tenemos más competencias y menos financiación», asegura Anguita.

Cuadros

El caso es que por lo pronto no hay fecha para encargar el proyecto ni para que se pongan en marcha las obras, pero lo que sí está claro es el contenido que se le dará a esta casa en el futuro. «Aquí hacemos muchas exposiciones de cuadros y sobre todo, nos gustaría crear un museo de artes y costumbres populares, con muchos de los elementos antiguos que tienen guardados los vecinos del pueblo», explica Anguita.

También será un espacio para las distintas asociaciones que existen en el pueblo, un lugar donde puedan reunirse habitualmente y realizar sus trabajos.